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23 de septiembre de 2008

La ley del mínimo esfuerzo

Para lo que más se suele sacar a colación esta ley es para hacer frases en las que los profesores se quejan a los padres de lo poco que estudian y se aplican sus hijos. Sin embargo, un profesor (o profesora, entiéndase) debería conocer bien este tipo de cosas y hablar con propiedad. Cuando se dice que alguien aplica la ley del mínimo esfuerzo siempre se dice como algo negativo y a lo que se refieren es a que no hace ningún esfuerzo. Quizá se podría aceptar como forma de hablar figurada, pero me parece a mí que no se trata de eso, sino de que no se sabe lo que se está diciendo.

Si se dice que alguien hace "el mínimo esfuerzo" no significa que no esté haciendo ningún esfuerzo. Quizá el esfuerzo que hace es enorme, es sobrehumano. Pero la cosa está en que es el mínimo para conseguir algo. Si se hace más esfuerzo, se conseguirá exactamente lo mismo y se estarán desaprovechando energías o tiempo. Así que hacer el mínimo esfuerzo, o sea, aplicar la ley del mínimo esfuerzo, es lo mejor que se puede hacer. Primero hay que saber cuáles son los objetivos de cada uno y luego ir tras ellos con el mínimo esfuerzo que se requiera para obtenerlos.

Si hablásemos de maquinaria, probablemente siempre diríamos que la máquina que mejor efectúa su función es aquella que, obteniendo resultados idénticos, la desempeña con el mínimo esfuerzo. ¿Por qué pensar que pueda ser de otra manera con respecto a los seres humanos?

En los estudios, son aquellas personas a las que se llama empollonas quienes hacen el mínimo esfuerzo. Llevar el curso al día, presentarse a parciales en lugar de con todo a junio, asistir a clase… es un esfuerzo probadamente menor que el que hacen los malos estudiantes. Eso lo tenía yo muy claro en mi época. Y por eso siempre me pareció mal que se dijese como algo negativo de otras personas "es que aplica la ley del mínimo esfuerzo". Ni eufemismo ni nada, querían decir que no da un palo al agua.

La velocidad de proceso

No se puede negar que existen maneras más eficaces que otras de hacer las cosas y probablemente las que menos esfuerzo requieren son las mejores en ese sentido. Lo mismo ocurre con el tiempo: cuando a alguien se le dice que haga una cosa rápido, casi siempre se molesta porque argumenta que meterle prisa sólo implicará que lo haga peor y con mayor presión. Pero hay una cosa que no se suele tener en cuenta que es la de optimizar el tiempo. Si tu labor consta de varios pasos, aquellos que requieran un tiempo de espera se pueden iniciar antes que ningún otro para así hacer las otras cosas mientras está transcurriendo ese tiempo de espera. Por ello lo de hacer algo rápido y mal puede ser la única forma para algunas personas de hacer algo rápido, pero está claro que lo óptimo es hacerlo rápido y bien. No rápido porque cada movimiento en sí tenga más velocidad, sino porque no existan las pérdidas de tiempo. Despacio y bien nunca debería ser una opción.

"La liebre y la tortuga"

La fábula de "La liebre y la tortuga" sería otro tema que se podría incluir aquí para sacar la misma conclusión. Es cierto que la constancia puede resultar una gran virtud. Pero no podemos pensar que sea la única. La tortuga del cuento era constante porque era lo único que podía ser, pero si hubiese podido ser rápida, eso habría resultado mucho mejor para ella. Se puede obtener una moraleja positiva de esa fábula si sólo tenemos en cuenta que nos aconsejan no rendirnos, pero lo que no podemos aceptar es que se critique a quienes son más aptos para desempeñar una función, es decir, a las liebres. Si podemos prepararnos para ser rápidos, ¿por qué conformarnos con la constancia? La preparación, en el caso humano, consistiría en estudiar, practicar, ensayar… aquello que queremos hacer bien. Será preferible intentar superarse que asumir la mediocridad y, encima, presumir de ella. Y también, ¿por qué intentar ser lo que no somos? Las tortugas son las más adecuadas para otro tipo de supervivencia, pero no para correr.

En las Olimpiadas que se han celebrado este verano, el COI regañó a Usain Bolt por soberbio: porque antes de llegar a la meta comenzó a celebrar su triunfo sin importarle que esto le hiciese perder segundos. Se dijo que su actuación había supuesto una falta de respeto para los demás corredores. Pero en realidad no es una falta de respeto, lo que ofendía a los demás era no acercarse siquiera a las posibilidades de Bolt. El problema para los otros atletas estaba, no en que el jamaicano celebrase, sino en que incluso celebrando les sacó varios cuerpos de distancia. La cultura del excesivo respeto y de la corrección política ha llegado a tal extremo que hasta se considera incorrecto ser bueno, ser mejor que los demás. Vamos a ver, las Olimpiadas se inventaron como competición, es decir, para hacer ver quién era más rápido o mejor que los demás. Y ahora es justo eso lo que les ofende.